Laura Segura Aguilar
Como es bien sabido, en todas las celebraciones existen tradiciones o costumbres que hacen característicos cada uno de los momentos de dicha celebración. Al igual que en un cumpleaños se dice que antes de soplar para apagar las velas debe pedirse un deseo, en las bodas aparecen, a lo largo de la historia, diferentes tradiciones.
En este día tan especial e importante para los novios, siempre buscamos que todo salga a la perfección. Es por ello que, incluso los menos supersticiosos, suelen llevar en la gran mayoría de provincias de España, un par de semanas antes de la celebración matrimonial, docenas de huevos a las Clarisas o hermanas de Santa Clara para que no llueva el día de la boda, al margen de las consabidas plegarias en favor de la felicidad de los contrayentes.
Algo nuevo, algo azul, algo viejo y algo prestado… os suena verdad? Esta tradición surge en la Edad Media europea, época de gran superstición. Lo nuevo porque sería símbolo de las esperanzas de construir una vida nueva, lo azul como muestra de la pureza y la fidelidad en la pareja, lo viejo para evitar desligarse del pasado y así tener presente las raíces de las que se viene, de hecho suele ser una joya o reliquia familiar. Y algo prestado como símbolo y marca de la amistad, amistad que goza de felicidad.
La marcha nupcial es un himno que se reproduce durante la entrada de la novia hacia el altar o lugar de ceremonia. El autor de la “Marcha Nupcial” fue Mendelssohn y forma parte de la gran conocida obra “El sueño de una noche de verano”, escrita por William Shakespeare. Fue la princesa Victoria de Sajonia-Coburgo-Gotha, aficionada a la música, quien eligió esta marcha para que sonara en su boda. Hoy en día, ciertamente, a pesar de la existencia de la archiconocida “Marcha Nupcial”, se utilizan otras piezas musicales.

Uno de los momentos que suscitan mayor atención es cuando los novios se intercambian las alianzas. Este intercambio se asegura que comenzó en Egipto 2000 años a. c. para ellos la forma circular de un anillo significaba el infinito. Decían que era una forma sin principio ni fin, como el amor. Así, los griegos adoptaron también esta costumbre pensando además que el dedo anular tenía una vena que llegaba directa al corazón (vena del amor), eligiendo este dedo como el lugar ideal para colocar el anillo. Pero fue a través de los romanos como llegó esta tradición a nuestras vidas. Hoy en día se ha convertido en el símbolo por excelencia del matrimonio, recordatorio de la promesa de amor eterno que hace la pareja en el día de la boda.
Las arras, algo también bastante significativo en este día tan especial, simboliza la entrega y el intercambio de los bienes que ambos cónyuges van a compartir. Son 13 arras, la introdujeron los mozárabes que identificaban cada moneda con un mes y la última para compartir con los pobres. Actualmente, siguen usándose las 13 y las suele regalar la madrina, o bien son prestadas o pasadas de padres a hijos como tradición familiar.
El velo, es uno de los accesorios más importantes en el traje de la novia, aunque hoy en día se usan otros diferentes tales como tiaras, sombreros y tocados. Normalmente el velo suele ser de tul u organza y debe cubrir la cara de la novia para posteriormente ser descubierta una vez se haya realizado la unión. El velo simboliza la virginidad, inocencia y juventud.
La más divertida y no por ello menos significativa por todos, es el arroz. El arroz siempre ha sido símbolo de la “semilla” o descendencia. Se arroja a la salida de la ceremonia religiosa para desearle al nuevo matrimonio prosperidad y fertilidad abundante. Actualmente, está evolu-cionando y no solo se arroja arroz, sino que también se lanzan pétalos de rosas para un futuro dulce y pleno.
Como podéis ver, la ceremonia religiosa está dotada de importantes e irrepetibles signos de amor, aunque la celebración del banquete no está exenta de esto, pero este tema formará parte del próximo número de nuestra revista.
































